When a person returns to the great outdoors, is natural to scream like a total maniac.

sábado, 26 de febrero de 2011

Mi segundo día

Mi segundo día.

Eso es hoy. Hoy me levanté sintiéndome no mejor que ayer. Como consecuencia del sueño perdido no escuché el despertador y me quedé dormida. Mi papá, que se levanta a las seis, logró despertarme lo suficiente como para levantarme, coger el despertador y ponerle un temporizador – quería que sonara de nuevo en diez minutos. A las seis veinte yo seguía dormida. Me despertó mi papá, de nuevo. Entonces me puse en pie. Consideré seriamente no bañarme, pero mi cabeza era un desastre. Por si eso fuera poco hace casi seis meses que dejé de usar desodorante, así que olía un poco mal.

Me bañé y cambié. A las seis cuarenta estaba lista. Fui hasta casa de la sis, y juntas nos fuimos a la universidad. Dormí todo el camino y diría que recuperé el sueño un poco. La primera clase y el examen de la segunda fueron una pesadilla – seguía durmiéndome sentada en la butaca.

La verdadera prueba fue el almuerzo. No había jícama y la fruta seguía igual de cara. Dos descubrimientos siguieron a esto. Uno: el bolillo con frijoles no se veía mal. Dos: El bolillo no tiene leche. Pedí frijoles con bolillo – y la señora me hizo una cara chistosa – y mi hambre desapareció casi por completo. Tomando del agua que ahora cargo en mi mochila, tuve un desayuno perfectamente bueno completamente vegetariano y casi – casi – vegano. Una investigación posterior me mostró que el bolillo no tiene leche, pero sí huevo y manteca.

Aunque el sueño y el mal humor persistió el resto del día, no estar hambrienta fue definitivamente un plus. Además, los Hot nuts tampoco tienen elementos de origen animal. Ayer, mi pánico de pensar en no comer nada fue tanto que no recordé todas las cosas que comía normalmente que no tenían ningún producto de origen animal.

Mi última clase – en la que tuve examen – terminó pronto. Salí con bastante tiempo de la primera carrera, bajé en autobús hasta el centro y recordé que hoy entro a las tres y media y no a las tres. Fue excelente por dos razones: así no llegaba tarde, no tenía prisa y me podía dar tiempo para comer decentemente. De inmediato recordé que frente a mi escuela hay un restaurante de comida vegetariana. Nunca había entrado porque siempre pensé que debía ser carísimo, pero hoy traía dinero y bueno, por alguna razón de mucho mejor humor que ayer.

Entré al restaurante. Era muy agradable a la vista, las paredes blancas, con una sola pintada de naranja. Había cuadros preciosos, una ventana muy amplia y las mesas sencillas y de buen gusto. El menú estaba pegado a la pared y descubrí algo más: la comida vegetariana no es tan cara como yo pensaba. Por cuarenta y siete pesos mexicanos me sirvieron una bandeja con:

*Crema de calabaza.

*Sopa de verduras que traía papa, calabaza, zanahoria y chayote.

*Setas.

*Pan integral.

*Yogurt de frutas.

*Agua de mango.

Llevaba además gelatina, pero sabemos que la grenetina viene de hervir la piel, los tendones, ligamentos y/o huesos de cerdos y vacas con agua. Sí, es la grenetina la razón de que tu sopa de pollo y el cocido se ponga gelatinoso cuando lo metes al refrigerador. Así que omití comerla.

En resumen, fue mi primer platillo vegetariano, y me hizo sentir que no estaba a punto de dejarme morir de hambre a causa de la culpa por no querer comer cadáveres de animales. Además, fue delicioso, y me dejó muy, muy feliz. Compensó por completo el horrible día de ayer.

Por último, cené zanahoria picada y piqué más para desayunar mañana, viernes. Coci un poco de brócoli y ya tengo algo que ‘snackear’ durante el día

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