When a person returns to the great outdoors, is natural to scream like a total maniac.

lunes, 28 de febrero de 2011

Sexto día

Buenas noches.

Y de verdad que buenas, aunque serían mejores si me dignara a dormir en la noche en lugar de en clases. Al parecer a la maestra Berenice le molesta. Y no es que no la entienda, pero sinceramente a veces hay gente caminando por el salón que no debería estar ahí. Son mis sueños deambulando por el salón de clases. Mis sueños, los filósofos-escritores-poetas frustrados y la s taraditas que van a la escuela de letras y no les gusta leer. En fin.

Buen día hoy, la verdad, un buen día en la vida de una vegetariana. Bueno si no cuentas lo tarde que llegué por culpa de mi dichosa sis. Esto se está poniendo feo, pero, ¿no es una total falta de educación y consideración de su parte prender el carro a las seis cincuenta y dos cuando, en teoría, tengo que estar en la escuela a las siete? Es peor que una patada en los huevos, la neta – y eso que no tengo huevos. En especial porque mi ‘brillante’ maestro de los Lunes y los Martes califica la puntualidad. Pendejo.

El chiste es que, con la bilis en la garganta, entré a clases. A la hora del almuerzo comí, de nuevo, bolillo con frijoles. Me prometí a mi misma preparar mi lunch a partir de mañana.

En clase de francés me paso lo mismo que con mi inteligente – por favor, nótese la ausencia de sarcasmo – maestra Berenice. Los mismos monitos de ensueño de IIL (con iniciales, bastante hago con contar mi vida como para dar datos y que alguien sepa quién soy). Los monitos también volaban. Algunos oraban – orar es bueno, supongo, aunque no es ninguna práctica que planee usar alguna vez en mi vida –, algunos maldecían (¡malditas drogas!) y algunos otros lanzaban besos. Como sea.

Superé el sueño de la clase de francés con una nada saludable lata de Coca-Cola – mi propia versión del café desde hace ocho meses. Por cierto que Coca Cola dejo de hacer experimentos en animales – de acuerdo a la página de PETA – en el 2007. Gracias, Coca-Cola, ciertamente en una lata tuya no están todas las razones para creer, pero sí algunas. Eso y los mejores comunicólogos del mundo. Y la habilidad de mantenerme despierta durante clases. Creo que probaré el café – sin leche.

La clase Mayra fue interesante. Al parecer hemos dejado atrás a Freud, Piaget y Erikson e iniciaremos con el Desarrollo Humano. El tema de hoy fue “El Embarazo” con un muy educativo vídeo que me demostró exactamente por qué la adopción es una buena opción para cualquier mujer – casada o soltera – que quiera un hijo. También para los hombres, aunque, claro, ellos no sufren el parto. Daría mi opinión respecto al aborto, pero eso solo daría lugar a discusiones si algún día tengo un lector. Solo digamos que estoy a favor del sexo responsable.

Clase de inglés fue excelente. Estamos leyendo “44. The misterious stranger” por Mark Twain, y es excelente. Aun mejor porque me les adelanté como por ciento cincuenta páginas y ya no tengo que leer en clase. Espero acabarlo pronto (en cuanto tenga tiempo libre no invertido en este blog). Sali temprano, me fui a la otra carrera. Comi gazpacho y recordé no ponerle queso (¡dos hurras para mí!) La muchacha, super amable, me permitió pasar al baño – ventajas de ser cliente frecuente, supongo. Llevo, después de todo, casi ocho meses comiendo al menos dos veces a la semana allí) – y es que me urgía. Me tomé casi tres litros de agua en la mañana (y una coca en lata).

El gazpacho delicioso, no puedo creer que hace un mes era imposible conseguir mango y hoy el mango está buenísimo de nuevo. Por cierto, el limón agrio bajó de treinta y siete cincuenta pesos a doce en solo un mes. A eso le llamo volatibilidad de precios.

Las clases, interesantes, en especial fonética. ¿Quién iba a imaginarse que los árabes tienen tres vocales, los hispano hablantes cinco y los francófonos dieciséis? IIL, interesantísimo, en especial la parte de mis monitos de sueño. Latin y Español geniales, en especial Español.

Para confesar mis pecados del día, diré que me compré un paquetito de Ferrero Rocher – tres. Por eso tengo granos en la frente. Siento decir que no me siento culpable como debería.

Saliendo de la escuela me fui a la tienda de comida naturista. Compré carne para hamburguesa de soya, leche de soya y panes para hamburguesa sin huevo ni leche ni manteca.

Y llegando a mi casa, la razón por la que es tan tarde y sigo despierta – me puse a cocinar. Esto del veganismo opera maravillas en mi, nunca me había gustado cocinar. Más que nada por tener que tocar cadáveres de animales, que aunque no se ven tan mal cocinados, crudos no son más que cadáveres y se puede apreciar todo el horror de lo que les pasó a esos pobres animales.

Ahora sí que me siento inspirada a orar.

No son las mejores hamburguesas de soya, he de confesar, pero es mi primera vez en la cocina. Espero ansiosa el momento de hacer morisqueta vegetariana (la morisqueta es mi comida favorita).

Me voy a dormir.

domingo, 27 de febrero de 2011

Mi quinto día

Esto es domingo por la noche, mi quinto día.

No uno de los mejores días en mi calendario. Para empezar, si el sábado me levanté tarde, hoy fue mucho peor. Y, cuando me levanté, la alacena estaba vacía. El refrigerador sí que tenía comida – huevos y salchichas. Sé que esto se pone aburrido, decir la diferencia entre lo que pude haber comido y lo que de hecho comí. Comí cinco manzanas en total – al menos completé mis frutas del día.

Entre otras actividades del día, estuvo planchar la ropa de los últimos quince días, escribir el blog del sábado, leer “The life and times” el mejor fic de Harry Potter jamás escrito – incluyendo mi épica aventura que jamás terminaré – checar mi facebook y ver tres películas mientras planchaba – The perfect man, Cheaper by the dozen y He’s just not that into you.

Pero, quizá, la parte más deprimente de todo el día fue ir al súper. No sé qué hay de malo con el Wallmart en México, pero no encontré leche de soya, ni carne de soya, ni nada. ¡Nada! Ni si quiera manzanas mexicanas. ¿Qué les cuesta vender manzanas mexicanas? No quiero manzanas de Estados Unidos, muchas gracias. Pero sí me atasqué de comida para esta semana. Lo de hoy – no comer nada en todo el día – no me volverá a pasar.

Y cené un subway, lo que siempre es bueno. Con pan de ajo y lo que ellos llaman “Delicia vegetariana”, que por cierto, de delicia tiene poco. Lo que necesita eso es carne de soya, porque el pan sabe muchísimo más que los vegetales.

Con mejores noticias, son las doce, así que me intentaré dormir antes de que se haga más tarde.

El cuarto día

El viernes en la noche le hablé a mi papá de mis pretenciones de vegetarianismo por primera vez.

Fueron buenas noticias creo yo. Al menos no se puso histérico, y siendo el angel que siempre ha sido omitió hablarme de lo difícil que va a ser. Sí, bueno. ¿Mencioné que me volvería vegetariana aunque muriera de anemia? Comer todo ese dolor no puede ser saludable para nadie, ni bueno para mi salud mental. O mi karma. No que crea en el karma o algo así, pero no quiero surgir en mi próxima vida como un chivo destinado a ser las carnitas para la cruda de alguien.

No sé si en algún momento sintieron curiosidad, pero si sí la sintieron, deben saber que el viernes no fue diferente a ningún otro día de la semana. Me dormí tarde. Algo así como hoy, que ya van a ser la una (y no, no importa que sea sábado, ya que no soy fan de la alocada vida nocturna) y yo no tengo planes de ir pronto a la cama. Lo bueno de dormirte tan tarde como quieras los viernes, es que no tienes que madrugar los sábados. Lo mismo sucede con los sábados, por cierto.

Eso es lo malo de mi vida, supongo, no tomo en cuenta que me tengo que despertar temprano y siempre me duermo tan tarde como puedo – o no duermo en lo absoluto.

Bueno, para mi mala suerte, este sábado tenía que levantarme temprano, porque había acordado salir a correr con una amiga de la universidad. Y no me levanté. Más tarde me enteré que ella tampoco, así que, ya ven que tantas eran nuestras ganas de correr por el mundo.

Me levanté casi a las diez, lo que, con mi pobre persona deprivada de sueño, fue fenomenal. Digamos que, por ley, no suelo tener hambre cuando despierto. Hoy no fue la excepción. Como normalmente, no desayuné nada, no hice nada y me bañé. Pretendí que me arreglaba cuando en realidad intentaba deshacerme de cada malvado vello en mis axilas. Salimos a ver carros, lo que apesta porque no tenemos dinero para un carro – mucho menos un Volvo. Odio ver carros. ¡Ni si quiera me gustan! Digo, en serio, todos se me hacen iguales.

Luego comimos en “Ensalada” un restaurante vegetariano al que ya había ido antes. Y quiero confesar queridos y no-existentes lectores que comí queso. Es solo que los chiles rellenos son deliciosos y bueno, en el sitio de PETA decía que el veganismo no es de pureza sino de consistencia. Okay, no cumplo con ninguno de los dos.

Para los que quieren saber qué es lo que está mal con comer queso, bueno. Sobra decir lo contaminantes que son algunas de las empresas productoras del queso, pero el queso está hecho de leche. “Pero las vacas tienen que ser ordeñadas de todas maneras.” No. Las vacas, como el resto de los mamíferos existentes, y no sé por qué razón extraña creen algunos que no es así, solo dan leche cuando acaban de tener un/a becerrita/o. Sobra decir que el becerro se encarga de tomar la leche, y entonces las vacas no necesitan ser ordeñadas. Las productoras de leche embarazan a las vacas lecheras por primera vez, de manera artificial, apenas alcanzan la edad reproductiva (que varía dependiendo de la especie, según el internet, entre los dieciséis y treinta meses). A partir de entonces, su vida consiste en una cadena interminable de embarazos.

Cuando la calidad de le leche disminuye, las vacas son enviadas al matadero y asesinadas sin ninguna consideración a su estado como seres vivos. Las vacas no pastan por ahí tranquilamente y son ordeñadas por las mañanas, como el cartón de LALA puede hacerte creer. En cuanto a los becerritos que nacen de la pobre vaca, a las hembras les espera el mismo destino que a sus madres, mientras que los becerros son enviados al matadero, donde son asesinados al año, cuando su carne es más tierna. Durante ese año son confinados a espacios mínimos, dónde no pueden ni moverse, todo con el propósito de que su carne sea tan tierna como sea posible.

Las vacas con animales extremadamente inteligentes. Su piel es tan sensible que son capaces de sentir cuando una mosca se posa sobre su piel. Imaginen lo que sienten cuando sus orejas son taladradas o cuando son marcadas por hierro que hierve. Su oído es mucho más agudo que el nuestro – así como su vista. Se han dado casos, incluso, de vacas que han escapado del matadero y se han reunido con sus becerros. Las vacas son seres vivos, que respiran, sufren y sienten, así como nosotros. Son capaces de guardar resentimiento y eligen a sus líderes basándose en la inteligencia de éstos.

El chiste es que, sí, suena idiota saber que siento remordimiento por haber comido un chile con un poco de queso. Pero, sabiendo todo lo que acabo de decir, ¿no lo sentirías tú también?

Cuando acabamos de ver carros, comer y pasar tiempo padre-hermano-hermana, regresamos al hogar. En la casa yo decidí terminar el blog del viernes, que había olvidado, y empezar el de hoy. Más tarde, salí con mi madre a Liverpool, solo a ver un poco y ser feliz. Allí vimos un poco las tiendas, un poco todos esos muebles con lo que mi mamá sueña tener y un poco ropa. Para esto, no tienen idea de lo que hacen los descuentos de fin de temporada. Una blusa morada, de botones y plisada, que normalmente hubiera costado cuatrocientos cincuenta, me costó solamente ciento cincuenta. In-cre-í-ble lo mucho que le roban las tiendas a toda esa gente que se siente muy superior como para esperar a las rebajas.

Después de eso, fuimos a visitar a mi tía Boris, quién es divertidísima. Decidí que era el momento de decirle a mi madre acerca de mi nuevo veganismo.

Y esta es hora del ‘memory-time’ porque, deben saber, éste no es mi primer intento de vegetarianismo. Como una niña pequeña, de nueve o diez años, quise alguna vez dejar la carne. Recuerdo que mi mamá me dijo que me dejara de ridiculeces – lo sé, traumante – y me comiera mi pollo. Y mira, es natural, ¿cómo iba a dejar de comer carne y ya? Tenía nueve años y ni una puta idea. Pero ahora es diferente, mi mamá estuvo de acuerdo, me dijo que el Domingo cocinaría sopa de verduras con pollo y yo podía quitarle el pollo. Aun no es lo que quiero, pero paso a paso, ¿verdad?

Cenamos con mi tía en un puesto cercano de enchiladas. Es decir, mi mamá cenó enchiladas y yo cené huchepos sin crema y sin queso – solo salsa. Es decir, suficiente era haber comido queso con mis chiles. Solo para, una vez más, demostrar mi ignorancia. El huchepo es un platillo típicamente mexicano preparado con maíz y con leche. Al parecer, confiada con mi triunfo sobre la pasta, me imaginé que todo era solo maíz y agua en este país. Me pregunto como se las ingeniaron los purépechas para hacer huchepos, si las vacas son animales traídos de Europa con la conquista, el descubrimiento o el choque de los mundos.

Ese es el fin culinario de mi sábado - y por cierto apesta. Hoy Domingo, que estoy escribiendo mi blog, creo que el sábado no fue grande en cuanto a mi avance hacia una vida vegana.

sábado, 26 de febrero de 2011

Mi tercer día

Viernes. A pesar de mis mejores esfuerzos, el jueves no me dormí mucho más temprano que el martes. Eso quiere decir, mis ojos o se cerraron como hasta las dos de la mañana, y mi sueño del día consistió – de nuevo – en un máximo de tres horas. Es por eso que hoy levantarme fue casi imposible. Cuando lo logré, me dirigí como sonámbula a la regadera y saliendo de ésta, me volví a dormir. Dieron las seis y media antes de que distraídamente me pusiera un par de pantalones, una blusa y una chamarra. Mi sis alcanzó a pasar por mi antes de que yo estuviera lista – y pasó tardísimo.

En la escuela tuve un buen día. La primera clase fue entretenida, almorcé mi deliciosa zanahoria rayada y agua natural con clorofila. Una amiga me compartió un poco de sus chilaquiles (tortilla cortada en cachitos con salsa de tomate y chile, gratinados con queso). Naturalmente que no comí el queso, pero descubrí que no tiene pollo, como había imaginado anteriormente y eso los agregó a la lista de lo que puedo comer.

Los viernes son especiales porque no tengo clase en mi segunda universidad, salgo a las doce en la primera y es mi día de Fara. Fara es una amiga que va estudia en la tarde pero en la misma Universidad que yo. El plan era ir al cine. Fue una agradable sorpresa descubrir en ella la primera persona que no me declaró inmediatamente anémica. Fuimos al cine, pero antes de entrar comimos comida china. Tristemente, la comida china cercana al cine no tiene ningún platillo sin carne, así que simplemente pedí espagueti y le di a Fara el pollo en el mío. Vimos la película de Ashton Kutcher y Natalie Portman “No strings attached”. No compramos palomitas – estábamos llenas de espagueti.

Para quién tenga curiosidad, el espagueti que les dan en la comida china (chow mein) no tiene casi ningún ingrediente de origen animal. La pasta, normalmente, no tiene huevo. La mayoría de las pastas están hechas con harina y agua y si tienen huevo la etiqueta lo señala de manera específica. Obviamente, la pasta con huevo es más cara. Se pican tiras de cebolla,apio y zanahoria. Lleva además aceite vegetal, tirabeques (chícharos, según google) o alubias (frijol, según google), salsa de chile o aceite de sésamo, sal, pimiento morrón y germen de soya. En teoría, debería llevar solo esto, pero se le puede agregar camarón, pollo o res.

¿Qué puedo decir del resto del día? No comí nada, más que mi delicioso brócoli (que preparé ayer), al que le faltaba un poco de sal. Hice limpieza de mi cuarto y platiqué con una buena amiga que hacía tiempo no veía. Por cierto, es la hermana mayor de mi ‘sis’, y se llama Maite. Como acostumbro los fines de semana, no cené nada.

Fue un buen día – sin carne y sin productos de origen animal.

Mi segundo día

Mi segundo día.

Eso es hoy. Hoy me levanté sintiéndome no mejor que ayer. Como consecuencia del sueño perdido no escuché el despertador y me quedé dormida. Mi papá, que se levanta a las seis, logró despertarme lo suficiente como para levantarme, coger el despertador y ponerle un temporizador – quería que sonara de nuevo en diez minutos. A las seis veinte yo seguía dormida. Me despertó mi papá, de nuevo. Entonces me puse en pie. Consideré seriamente no bañarme, pero mi cabeza era un desastre. Por si eso fuera poco hace casi seis meses que dejé de usar desodorante, así que olía un poco mal.

Me bañé y cambié. A las seis cuarenta estaba lista. Fui hasta casa de la sis, y juntas nos fuimos a la universidad. Dormí todo el camino y diría que recuperé el sueño un poco. La primera clase y el examen de la segunda fueron una pesadilla – seguía durmiéndome sentada en la butaca.

La verdadera prueba fue el almuerzo. No había jícama y la fruta seguía igual de cara. Dos descubrimientos siguieron a esto. Uno: el bolillo con frijoles no se veía mal. Dos: El bolillo no tiene leche. Pedí frijoles con bolillo – y la señora me hizo una cara chistosa – y mi hambre desapareció casi por completo. Tomando del agua que ahora cargo en mi mochila, tuve un desayuno perfectamente bueno completamente vegetariano y casi – casi – vegano. Una investigación posterior me mostró que el bolillo no tiene leche, pero sí huevo y manteca.

Aunque el sueño y el mal humor persistió el resto del día, no estar hambrienta fue definitivamente un plus. Además, los Hot nuts tampoco tienen elementos de origen animal. Ayer, mi pánico de pensar en no comer nada fue tanto que no recordé todas las cosas que comía normalmente que no tenían ningún producto de origen animal.

Mi última clase – en la que tuve examen – terminó pronto. Salí con bastante tiempo de la primera carrera, bajé en autobús hasta el centro y recordé que hoy entro a las tres y media y no a las tres. Fue excelente por dos razones: así no llegaba tarde, no tenía prisa y me podía dar tiempo para comer decentemente. De inmediato recordé que frente a mi escuela hay un restaurante de comida vegetariana. Nunca había entrado porque siempre pensé que debía ser carísimo, pero hoy traía dinero y bueno, por alguna razón de mucho mejor humor que ayer.

Entré al restaurante. Era muy agradable a la vista, las paredes blancas, con una sola pintada de naranja. Había cuadros preciosos, una ventana muy amplia y las mesas sencillas y de buen gusto. El menú estaba pegado a la pared y descubrí algo más: la comida vegetariana no es tan cara como yo pensaba. Por cuarenta y siete pesos mexicanos me sirvieron una bandeja con:

*Crema de calabaza.

*Sopa de verduras que traía papa, calabaza, zanahoria y chayote.

*Setas.

*Pan integral.

*Yogurt de frutas.

*Agua de mango.

Llevaba además gelatina, pero sabemos que la grenetina viene de hervir la piel, los tendones, ligamentos y/o huesos de cerdos y vacas con agua. Sí, es la grenetina la razón de que tu sopa de pollo y el cocido se ponga gelatinoso cuando lo metes al refrigerador. Así que omití comerla.

En resumen, fue mi primer platillo vegetariano, y me hizo sentir que no estaba a punto de dejarme morir de hambre a causa de la culpa por no querer comer cadáveres de animales. Además, fue delicioso, y me dejó muy, muy feliz. Compensó por completo el horrible día de ayer.

Por último, cené zanahoria picada y piqué más para desayunar mañana, viernes. Coci un poco de brócoli y ya tengo algo que ‘snackear’ durante el día