El viernes en la noche le hablé a mi papá de mis pretenciones de vegetarianismo por primera vez.
Fueron buenas noticias creo yo. Al menos no se puso histérico, y siendo el angel que siempre ha sido omitió hablarme de lo difícil que va a ser. Sí, bueno. ¿Mencioné que me volvería vegetariana aunque muriera de anemia? Comer todo ese dolor no puede ser saludable para nadie, ni bueno para mi salud mental. O mi karma. No que crea en el karma o algo así, pero no quiero surgir en mi próxima vida como un chivo destinado a ser las carnitas para la cruda de alguien.
No sé si en algún momento sintieron curiosidad, pero si sí la sintieron, deben saber que el viernes no fue diferente a ningún otro día de la semana. Me dormí tarde. Algo así como hoy, que ya van a ser la una (y no, no importa que sea sábado, ya que no soy fan de la alocada vida nocturna) y yo no tengo planes de ir pronto a la cama. Lo bueno de dormirte tan tarde como quieras los viernes, es que no tienes que madrugar los sábados. Lo mismo sucede con los sábados, por cierto.
Eso es lo malo de mi vida, supongo, no tomo en cuenta que me tengo que despertar temprano y siempre me duermo tan tarde como puedo – o no duermo en lo absoluto.
Bueno, para mi mala suerte, este sábado sí tenía que levantarme temprano, porque había acordado salir a correr con una amiga de la universidad. Y no me levanté. Más tarde me enteré que ella tampoco, así que, ya ven que tantas eran nuestras ganas de correr por el mundo.
Me levanté casi a las diez, lo que, con mi pobre persona deprivada de sueño, fue fenomenal. Digamos que, por ley, no suelo tener hambre cuando despierto. Hoy no fue la excepción. Como normalmente, no desayuné nada, no hice nada y me bañé. Pretendí que me arreglaba cuando en realidad intentaba deshacerme de cada malvado vello en mis axilas. Salimos a ver carros, lo que apesta porque no tenemos dinero para un carro – mucho menos un Volvo. Odio ver carros. ¡Ni si quiera me gustan! Digo, en serio, todos se me hacen iguales.
Luego comimos en “Ensalada” un restaurante vegetariano al que ya había ido antes. Y quiero confesar queridos y no-existentes lectores que comí queso. Es solo que los chiles rellenos son deliciosos y bueno, en el sitio de PETA decía que el veganismo no es de pureza sino de consistencia. Okay, no cumplo con ninguno de los dos.
Para los que quieren saber qué es lo que está mal con comer queso, bueno. Sobra decir lo contaminantes que son algunas de las empresas productoras del queso, pero el queso está hecho de leche. “Pero las vacas tienen que ser ordeñadas de todas maneras.” No. Las vacas, como el resto de los mamíferos existentes, y no sé por qué razón extraña creen algunos que no es así, solo dan leche cuando acaban de tener un/a becerrita/o. Sobra decir que el becerro se encarga de tomar la leche, y entonces las vacas no necesitan ser ordeñadas. Las productoras de leche embarazan a las vacas lecheras por primera vez, de manera artificial, apenas alcanzan la edad reproductiva (que varía dependiendo de la especie, según el internet, entre los dieciséis y treinta meses). A partir de entonces, su vida consiste en una cadena interminable de embarazos.
Cuando la calidad de le leche disminuye, las vacas son enviadas al matadero y asesinadas sin ninguna consideración a su estado como seres vivos. Las vacas no pastan por ahí tranquilamente y son ordeñadas por las mañanas, como el cartón de LALA puede hacerte creer. En cuanto a los becerritos que nacen de la pobre vaca, a las hembras les espera el mismo destino que a sus madres, mientras que los becerros son enviados al matadero, donde son asesinados al año, cuando su carne es más tierna. Durante ese año son confinados a espacios mínimos, dónde no pueden ni moverse, todo con el propósito de que su carne sea tan tierna como sea posible.
Las vacas con animales extremadamente inteligentes. Su piel es tan sensible que son capaces de sentir cuando una mosca se posa sobre su piel. Imaginen lo que sienten cuando sus orejas son taladradas o cuando son marcadas por hierro que hierve. Su oído es mucho más agudo que el nuestro – así como su vista. Se han dado casos, incluso, de vacas que han escapado del matadero y se han reunido con sus becerros. Las vacas son seres vivos, que respiran, sufren y sienten, así como nosotros. Son capaces de guardar resentimiento y eligen a sus líderes basándose en la inteligencia de éstos.
El chiste es que, sí, suena idiota saber que siento remordimiento por haber comido un chile con un poco de queso. Pero, sabiendo todo lo que acabo de decir, ¿no lo sentirías tú también?
Cuando acabamos de ver carros, comer y pasar tiempo padre-hermano-hermana, regresamos al hogar. En la casa yo decidí terminar el blog del viernes, que había olvidado, y empezar el de hoy. Más tarde, salí con mi madre a Liverpool, solo a ver un poco y ser feliz. Allí vimos un poco las tiendas, un poco todos esos muebles con lo que mi mamá sueña tener y un poco ropa. Para esto, no tienen idea de lo que hacen los descuentos de fin de temporada. Una blusa morada, de botones y plisada, que normalmente hubiera costado cuatrocientos cincuenta, me costó solamente ciento cincuenta. In-cre-í-ble lo mucho que le roban las tiendas a toda esa gente que se siente muy superior como para esperar a las rebajas.
Después de eso, fuimos a visitar a mi tía Boris, quién es divertidísima. Decidí que era el momento de decirle a mi madre acerca de mi nuevo veganismo.
Y esta es hora del ‘memory-time’ porque, deben saber, éste no es mi primer intento de vegetarianismo. Como una niña pequeña, de nueve o diez años, quise alguna vez dejar la carne. Recuerdo que mi mamá me dijo que me dejara de ridiculeces – lo sé, traumante – y me comiera mi pollo. Y mira, es natural, ¿cómo iba a dejar de comer carne y ya? Tenía nueve años y ni una puta idea. Pero ahora es diferente, mi mamá estuvo de acuerdo, me dijo que el Domingo cocinaría sopa de verduras con pollo y yo podía quitarle el pollo. Aun no es lo que quiero, pero paso a paso, ¿verdad?
Cenamos con mi tía en un puesto cercano de enchiladas. Es decir, mi mamá cenó enchiladas y yo cené huchepos sin crema y sin queso – solo salsa. Es decir, suficiente era haber comido queso con mis chiles. Solo para, una vez más, demostrar mi ignorancia. El huchepo es un platillo típicamente mexicano preparado con maíz y con leche. Al parecer, confiada con mi triunfo sobre la pasta, me imaginé que todo era solo maíz y agua en este país. Me pregunto como se las ingeniaron los purépechas para hacer huchepos, si las vacas son animales traídos de Europa con la conquista, el descubrimiento o el choque de los mundos.
Ese es el fin culinario de mi sábado - y por cierto apesta. Hoy Domingo, que estoy escribiendo mi blog, creo que el sábado no fue grande en cuanto a mi avance hacia una vida vegana.