Buenas noches.
Y de verdad que buenas, aunque serían mejores si me dignara a dormir en la noche en lugar de en clases. Al parecer a la maestra Berenice le molesta. Y no es que no la entienda, pero sinceramente a veces hay gente caminando por el salón que no debería estar ahí. Son mis sueños deambulando por el salón de clases. Mis sueños, los filósofos-escritores-poetas frustrados y la s taraditas que van a la escuela de letras y no les gusta leer. En fin.
Buen día hoy, la verdad, un buen día en la vida de una vegetariana. Bueno si no cuentas lo tarde que llegué por culpa de mi dichosa sis. Esto se está poniendo feo, pero, ¿no es una total falta de educación y consideración de su parte prender el carro a las seis cincuenta y dos cuando, en teoría, tengo que estar en la escuela a las siete? Es peor que una patada en los huevos, la neta – y eso que no tengo huevos. En especial porque mi ‘brillante’ maestro de los Lunes y los Martes califica la puntualidad. Pendejo.
El chiste es que, con la bilis en la garganta, entré a clases. A la hora del almuerzo comí, de nuevo, bolillo con frijoles. Me prometí a mi misma preparar mi lunch a partir de mañana.
En clase de francés me paso lo mismo que con mi inteligente – por favor, nótese la ausencia de sarcasmo – maestra Berenice. Los mismos monitos de ensueño de IIL (con iniciales, bastante hago con contar mi vida como para dar datos y que alguien sepa quién soy). Los monitos también volaban. Algunos oraban – orar es bueno, supongo, aunque no es ninguna práctica que planee usar alguna vez en mi vida –, algunos maldecían (¡malditas drogas!) y algunos otros lanzaban besos. Como sea.
Superé el sueño de la clase de francés con una nada saludable lata de Coca-Cola – mi propia versión del café desde hace ocho meses. Por cierto que Coca Cola dejo de hacer experimentos en animales – de acuerdo a la página de PETA – en el 2007. Gracias, Coca-Cola, ciertamente en una lata tuya no están todas las razones para creer, pero sí algunas. Eso y los mejores comunicólogos del mundo. Y la habilidad de mantenerme despierta durante clases. Creo que probaré el café – sin leche.
La clase Mayra fue interesante. Al parecer hemos dejado atrás a Freud, Piaget y Erikson e iniciaremos con el Desarrollo Humano. El tema de hoy fue “El Embarazo” con un muy educativo vídeo que me demostró exactamente por qué la adopción es una buena opción para cualquier mujer – casada o soltera – que quiera un hijo. También para los hombres, aunque, claro, ellos no sufren el parto. Daría mi opinión respecto al aborto, pero eso solo daría lugar a discusiones si algún día tengo un lector. Solo digamos que estoy a favor del sexo responsable.
Clase de inglés fue excelente. Estamos leyendo “44. The misterious stranger” por Mark Twain, y es excelente. Aun mejor porque me les adelanté como por ciento cincuenta páginas y ya no tengo que leer en clase. Espero acabarlo pronto (en cuanto tenga tiempo libre no invertido en este blog). Sali temprano, me fui a la otra carrera. Comi gazpacho y recordé no ponerle queso (¡dos hurras para mí!) La muchacha, super amable, me permitió pasar al baño – ventajas de ser cliente frecuente, supongo. Llevo, después de todo, casi ocho meses comiendo al menos dos veces a la semana allí) – y es que me urgía. Me tomé casi tres litros de agua en la mañana (y una coca en lata).
El gazpacho delicioso, no puedo creer que hace un mes era imposible conseguir mango y hoy el mango está buenísimo de nuevo. Por cierto, el limón agrio bajó de treinta y siete cincuenta pesos a doce en solo un mes. A eso le llamo volatibilidad de precios.
Las clases, interesantes, en especial fonética. ¿Quién iba a imaginarse que los árabes tienen tres vocales, los hispano hablantes cinco y los francófonos dieciséis? IIL, interesantísimo, en especial la parte de mis monitos de sueño. Latin y Español geniales, en especial Español.
Para confesar mis pecados del día, diré que me compré un paquetito de Ferrero Rocher – tres. Por eso tengo granos en la frente. Siento decir que no me siento culpable como debería.
Saliendo de la escuela me fui a la tienda de comida naturista. Compré carne para hamburguesa de soya, leche de soya y panes para hamburguesa sin huevo ni leche ni manteca.
Y llegando a mi casa, la razón por la que es tan tarde y sigo despierta – me puse a cocinar. Esto del veganismo opera maravillas en mi, nunca me había gustado cocinar. Más que nada por tener que tocar cadáveres de animales, que aunque no se ven tan mal cocinados, crudos no son más que cadáveres y se puede apreciar todo el horror de lo que les pasó a esos pobres animales.
Ahora sí que me siento inspirada a orar.
No son las mejores hamburguesas de soya, he de confesar, pero es mi primera vez en la cocina. Espero ansiosa el momento de hacer morisqueta vegetariana (la morisqueta es mi comida favorita).
Me voy a dormir.
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